Yo soy Ángela Cucunubá Ruiz

Cuatro vértices

Años de vida con paños… camisas. Pocas risas, cien libretas, o mil facetas… una diaria, ¡qué desgaste! por el jefe del lugar, la cofrade de algún clan, el que se cree superior por sus títulos académicos, quién sabe si de algún tema es especialista, o si cuelga en su pared papeles de arribista, de aquellos que se esfuerzan poco por crear, más se afanan por brillar ante totales desconocidos. ¿Y por qué? Demasiados gestos fingidos, posturas, sonrisas y ademanes fríos. En el fondo, un mar desbordado de aflicción y ahogo.


Nacimos con un rumbo ya marcado. “Serás un talentoso abogado, empresario, dirigente de una secta. Andarás en línea recta, llevando en tu cuello una corbata ingente. Frente a la gente, mostrarás suntuosidad, nada de pensar en fragilidad, endeblez, memez o incongruencias. ¡Eres grande! ¡Libera esas compresas que te muestran como lábil! Las que cubren tus heridas y no dejan ver tu configuración real, ¿para qué?”


Sigue andando, sin perderte, y escucha con atención a todo aquel que dice entonces que te muevas, corras, saltes, ¡no descanses! La labor es para ya, el dinero no da espera. El ocio, déjaselo a cualquiera, cualquier otro sin visión, ilusión ni perspectiva. Toda escena sensitiva es pérdida total de tiempo. La dureza con que vivas, llenará tu haber de éxitos. Coches, lujos, dinero y sal… la que brote de tus ojos cuando nadie pueda verte. Evade violentamente la dulzura de tu naturaleza, nadie puede enterarse de esa gran nobleza. La inherente a tu propia humanidad...

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